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miércoles, 23 de marzo de 2016

El peso de la distancia

"Las relaciones a distancia son de aquellas cosas que sólo sabe explicarlas quien las ha sentido y sólo las entiende quien las ha vivido"


Se trata de encontrar mil razones y motivos por los que "esto debe funcionar, porque sí, porque le quiero". Tus amigos, que tienen a sus parejas a, como máximo, media hora de casa, te compadecen. Los envidiosos, mientras, dicen que te vas a estrellar. Pero os aseguro que duele más el no verle que el culo después de 12 horas de viaje.

Lo que se siente es, por ejemplo, estar en un grupo con tus amigos y estar deseando llegar a casa porque sus cosas ya no interesan, te interesa solo la persona que está a kilómetros de ti y punto y final. Aunque sólo sea para contarte que está haciendo la cena o viendo su serie favorita. Llevar en el bolso 20 baterías externas y entrar en pánico si se apaga el móvil. El móvil se vuelve el objeto más preciado de ambos y el Skype pasa a ser tu mejor amigo por excelencia. Porque la comunicación es el pilar de la relación. Pero comunicación de calidad: no escatimar en "te quieros", "te echo de menos" ni "qué guapo estás en esta foto". Ten en cuenta que las palabras no van a sustituir sonrisas, besos, caricias ni demostraciones de amor, así que no valen palabras frías ni carentes de emociones. La única forma que tiene la otra persona de saber que la quieres es a través de una tecnología de la información y tienes que saltar esa barrera. La comunicación te brindará la confianza porque hablar es conocer.

Sin embargo, todo esto acabará pasando, te vas acostumbrando a que pasen horas y días sin verle, tienes el calendario al que ya no le caben más cruces en fosforito y por fin, el día del mes que toca llegar a ese aeropuerto. Te palpita el corazón a mil por hora y te autoconvences a ti mismo de que todo esto sólo va a ser temporal. Porque el núcleo de toda relación a distancia es poner una fecha límite. Necesitas una fecha final de este calvario, de no poder tocarle, ni besarle, ni hacer el amor, ni desayunar juntos, ni cenar, ni cine, ni pasear... Una fecha que suponga ya no tener que despedirte más.

Pero a mí todo el tiempo separados me compensaba cuando le veía, me daba igual salir a cenar que quedarme todo el día en la cama viendo maratones de películas. Me daba igual no elegir ni esas películas ni el restaurante. Eso es lo bueno de las relaciones a distancia: que pasáis juntos 24 horas aprendiendo a convivir y aprendiendo a valorar el tiempo y cada momento. Da igual el plan secundario porque el plan principal es ESTAR JUNTOS. Y ya está.

También he de decir que no todo el mundo es capaz de soportar una relación a distancia. Hay que estar muy enamorado y tener un convencimiento absoluto de que la otra persona merece la pena, ya que este tipo de relaciones necesitan de muchos sacrificios personales. Hay que aprender a tener paciencia y a tener claro que cualquier sentimiento de pena, tristeza, añoranza, o un momento difícil en la vida, no tiene que alejarte del otro, sino hablarlo, apoyarle y comprenderle. Una cosa es la distancia física y otra, la emocional.

¿Sabéis? Cansarse de la distancia y romper con todo lo construido será la opción más sencilla muchas veces. Abandonar siempre es el camino más fácil. Y huir, la salida más sencilla. Pero es que estas relaciones no son sencillas. La mochila de la distancia pesa muchísimo y tiene que llevarse entre dos. De lo contrario, se acabaría rápido. Se trata de saber en qué dirección caminamos y demostrar que, por muchos baches que haya que ralenticen el paso, no hay que renunciar jamás a lo que día a día has conseguido con la otra persona. De hecho, suelen ser relaciones que, si triunfan, son sólidas. Porque las dificultades y los obstáculos os hacen más fuertes.

Por eso sé que merece la pena luchar por esto y por ti. Porque nunca antes había tenido tan claro el querer pasar mi vida al lado de una persona como lo tengo contigo.


Nunca me faltes...























domingo, 6 de marzo de 2016

Son tiempos difíciles para los soñadores




Estaba claro que tocaba ser fuerte. Pero, ¿hasta qué punto? Una cosa es imaginarse cómo irá todo y otra muy diferente es realmente tener que afrontar esa realidad día a día. Está claro que mi alma está siempre ansiosa por conocer lugares nuevos y, de una manera o de otra, sé que pertenece al extranjero. Siempre está deseosa por conocer más allá de lo conocido y de explorar nuevas formas de vida. Pero mi corazón pertenece a aquello que llamamos "hogar". Y como dice la famosa frase "home is where the heart is". Indudablemente es él el encargado de decidir adonde pertenecemos realmente. El problema empieza cuando el alma anhela expandir sus fronteras y el corazón pide estar junto a quien ama. Es una lucha interior constante por encontrar el equilibrio perfecto. Y no es fácil. Muchas veces, uno se plantea qué hace realmente en el lugar en el que está y por qué no está allí donde pertenece.
Llevo mucho tiempo intentando pisotear a los fantasmas que me acosan desde hace tiempo. Y al final son ellos los que me acaban pisoteando a mí. Lo intento, juro que lo intento. Pero día tras día, me siento incompleta. Sé que no es esta la vida que merezco ni la vida que elegí. Porque hay tanta gente que se ve a diario y no se quiere y míranos a nosotros, muriéndonos por vernos y teniendo que cargar con el peso de la distancia. Distancia, la palabra más temida. Ella está presente cada día para que no olvidemos que todavía toca tachar un día más en el calendario.
Hubo tantas promesas que se quedaron en el aire... No hay un culpable, sino ella. Distancia. Y volver a empezar. Engancharse a la rutina. Sueños e ilusiones rotas. Miedos que, como ya dije, lucho por vencer y la vencida soy yo. Cada vez, me vuelvo más y más débil sin tenerte. Hemos vivido tantos momentos perfectos que por eso sabemos que esto no es lo que nos merecemos vivir. Sólo hay una cosa con la que la distancia no podrá jamás: con nuestro amor. Lejos de deteriorarlo, cada día mi amor por ti va en aumento. El día que te vea en el aeropuerto de París, te juro que realmente habré encontrado el sentido a todo esto. Sólo de imaginarme esos momentos, sé que ya mereció la pena.
Y la gente tiende a ser egoísta por naturaleza, yo lo he vivido. Y yo siempre había escuchado aquello de que si realmente quieres a alguien, tienes que estar dispuesto a sacrificar tu propia felicidad por la de esa persona. Lo entiendo perfectamente. Ver tu sonrisa, tu alegría y tu cara inocente, son el puro motivo de mi felicidad. Duele que tenga que ser a costa de la mía, así como duele no ser yo la que te la pueda proporcionar, pero son tiempos difíciles para los soñadores y sólo cabe esperar a que vengan tiempos mejores en los que llenaremos toda nuestra vida de recuerdos imborrables.

Quizás es el dolor de un sueño roto, de una ilusión quebrada, de un deseo roto en pedazos. Pero no hay mayor consuelo que el "te quiero" que desprenden tus labios cuando más lo necesito. Pocos, muy pocos, hay como nosotros. En vez de rendirnos y hundirnos con los contratiempos, más nos unimos y más cuenta me doy de que eres la definición exacta y perfecta de todo lo que siempre anhelé. Eres como un "voy a imaginarme cómo sería mi chico ideal" cuando somos pequeñas en carne y hueso. Mi alma gemela.

Y si por algo tengo que pedir perdón, es por mostrarte más veces de las que te mereces mi lado malo, el que no puedo controlar. Juro que cada vez que asoma, dejo de ser yo. Porque tú sabes bien quién soy yo, me conoces y estoy bien lejos de ser quien en esos malos momentos muestro ser. Sólo tengo claro que te lo mereces absolutamente todo. Te mereces a alguien que te quiera y que te sepa tratar. Un 22 de abril, tú me diste el regalo de que fuese yo esa persona, la encargada de llenarte de felicidad todos y cada uno de los días de nuestras vidas. Desde entonces, no puedo estar más agradecida.

Gracias por quererme en lo bueno y en lo malo, Adri. Gracias por demostrarme que también merezco que me quieran cuando todo el mundo me demostró lo contrario. Gracias por hacerme crecer día a día, por ayudarme a vencer todos mis miedos. Gracias por hacerme ver que nunca estoy sola. Gracias por cada palabra de cariño y cada gesto. Por cada minuto que me dedicas, que no son pocos. Por la paciencia cuando todo se me va de las manos. Gracias por haber correspondido al amor que sentí por ti al poco de conocerte. Gracias por ser capaz de aguantar detrás de un tiempo y una distancia que nos lo complican todo sin complicar nada al mismo tiempo. No tenías por qué aguantar esto y aún así eliges quedarte y hacerlo. Eres un héroe, aunque te hicieran creer lo contrario los 20 años anteriores. Eres una persona maravillosa, me atrevo a decir que no hay otro como tú. Eres tan perfecto, que todo lo demás carece de valor para mí. Y por todo ello, te admiro. Te admiro y te amo, mientras que mi amor por ti crece a cada paso que damos juntos. Porque tú me haces sentir lo que nunca antes había sentido. Yo creía saber lo que era el amor, y después te conocí y me enseñaste su verdadero significado. Sé que nuestra relación es algo que debo cuidar con cariño y esmero porque muchas veces creo que es lo único que merece la pena en mi vida, de la misma forma que sé que ésto sólo es el principio y que todo lo que nos espera, será maravilloso.


Te espero en 3 semanas en el aeropuerto de París. Te invito a ser feliz, yo pago ♥


Te quiero más que a mi propia vida. Sencillamente: GRACIAS POR TANTO