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sábado, 26 de diciembre de 2015

Puedo escribir los versos más bonitos esta tarde

Me desperté aquel 22 de diciembre por la mañana echando la vista atrás a esos últimos cincuenta días. Nada, absolutamente nada, había sido fácil aquel tiempo atrás. Por una cosa o por otra, siempre me invadía aquella sensación de tristeza que no me dejaba avanzar. Un día más que iba tachando en el calendario bajo el lema "un día menos, ya queda poco". La última semana fue una agonía. Era ya demasiado tiempo sin sus abrazos y sus besos. Había escuchado que nada sería fácil, que la vida también son momentos duros, pero nunca lo había comprobado tan de primera mano. Tenerlo enfrente era ya mucho más que una necesidad.
Hablaban de loterías, pero aquel día yo me llevé el premio más grande. Necesité unos minutos cuando sonó el despertador para terminar de creerme que por fin ese era el día en el que volvería a casa. El día más esperado por los dos. La maleta ya estaba lista en el pasillo y, tras prepararlo todo, salí. El ambiente en el instituto era más navideño que nunca y a todo el mundo le dije que ese día volvía a casa y que tenía muchas ganas. Pero no hubiera hecho falta porque el brillo en mis ojos hablaba por sí solo. Sonó el timbre y comenzó mi aventura. Esta vez sin problemas, por suerte. Muchas veces siento que tengo un ángel de la guarda que me cuida siempre y evita que me suceda algo. Andenes, trenes, muchedumbre, ajetreo, compras de navidad, gente que deambula por las calles hannoverianas sin descanso... Dos horas en tren hacia la ciudad de Colonia. Por fin el aeropuerto, que ya me resultaba familiar. Los nervios se apoderaban de mí. Cada vez ya se notaba más real. Después de hacer tiempo paseándome por los interminables pasillos de sus terminales, me acerqué a la puerta de embarque y escuché a mi alrededor gente hablando en catalán. Puede sonar muy raro, pero estar escuchando aquello, ya me hacía sentir como en casa. Después, la promesa de llegar sana y salva y de que ya quedaba menos para el reencuentro. El viaje, interminable. Bajo mis pies, las miles de luces que llenaban de color los países de Alemania y Francia. Hasta que por fin, tras el aterrizaje, pude leer a través de la ventanilla: "Aeropuerto de Barcelona". Y mi corazón se aceleró. Sólo quedaban doce horas para ese momento con el que tanto había soñado. Y de nuevo, esas caras conocidas. Las últimas personas a las que había despedido al irme, allí estaban esperándome con los brazos abiertos de nuevo. Sus acentos, las calles, la ciudad, el ambiente. Todo. Y tras pasar una noche en esta hermosa ciudad, amanecí con más ganas de vivir que nunca y me dirigí rumbo al aeropuerto. Tras dejar atrás la ronda de Barcelona con su tráfico infinito, llegué a la T1 y ya casi por inercia, me dirigí hacia la puerta de embarque. "Asturias", decían aquellas letras amarillas en la pantalla. Lo reconozco, no pude evitar sonreír y casi emocionarme ante lo real que se estaba volviendo aquello. Y tras una hora de vuelo en el que los nervios me consumían, aterrizamos. Y sí, la primera cosa que vi a través de la ventanilla fue, entre aquella lluvia fina que me recordaba que sí que había llegado a mi tierra, las letras de "Aeropuerto de Asturias". Y entonces me dije, sí, por fin he llegado. Atravesé los pasillos como un alma poseída. Existen muchos tipos de nervios. Pero aquellos que sentí no los puedo ni describir con palabras. Al atravesar las puertas, millones de sonrisas nos esperaban al otro lado del cristal. Abrazos, reencuentros... Esquivé la multitud como pude y empecé a correr por los pasillos del aeropuerto. El latido de mi corazón sonaba más fuerte que el de las ruedas de mi maleta. Levanté la vista. Había una columna. Y allí estaba. El motivo por el que me levantaba cada mañana durante esos 53 días. Dejé de verlo por un instante, hasta que lo volví a ver del otro lado de la columna. Solté la maleta, no me importaba donde cayera. Y nos fundimos en un abrazo eterno. Volver a besar sus labios fue como un regalo. Y nos miramos a los ojos. Después de tanto tiempo, nos costaba reconocernos. Ese brillo en sus ojos me cegaba y a la vez me recordaba por qué me había enamorado de él ocho meses atrás. Sentí tanto que necesitaba escribir. Y por eso estoy aquí escribiendo. Para reflejar la magia de un amor increíble y para agradecerle a él todos los ánimos y el cariño brindados a lo largo de estos casi dos meses separados. No eres un motivo por el que volver a casa; eres un motivo por el que no volver a alejarme nunca de tu lado. Te quiero.

"Los aeropuertos han visto más besos reales que muchas iglesias"





jueves, 17 de diciembre de 2015

The final countdown

"It's the things we love most 
that destroy us"


49 días

[...]


5 días


Porque a veces la única persona que te hace sentir fuerte, es la misma que te hace ser débil cuando se va de tu lado


[...]


Falta menos...♥



viernes, 4 de diciembre de 2015

Busco dos suelas nuevas para mis viejos zapatos
y un loco corazón para aliviar este mal trago
Harta de estar tan sola rodeada de tanta gente
te espero derrotada en el bar de siempre

Después de los conciertos ya no me sale la risa
¿será un mala racha o este invierno que no avisa?

Teniendo mil razones para no estar a mi vera
te quedas por aquí compartiendo primaveras
Tú eres la Coca-Cola, yo soy el Whisky barato
eres mi mezcla preferida para ahuyentar el llanto

Salimos a la calle cuando más llueve
gritamos entre coches cuando todos duermen

Tú eres mi cenicienta que nunca tiene prisa
una bala perdida hecha a mi medida

Cuando me siento herida me subes al tejado y ahí

La vida es menos puta si estás a mi lado...



18 días

Te amo