"Las relaciones a distancia son de aquellas cosas que sólo sabe explicarlas quien las ha sentido y sólo las entiende quien las ha vivido"
Se trata de encontrar mil razones y motivos por los que "esto debe funcionar, porque sí, porque le quiero". Tus amigos, que tienen a sus parejas a, como máximo, media hora de casa, te compadecen. Los envidiosos, mientras, dicen que te vas a estrellar. Pero os aseguro que duele más el no verle que el culo después de 12 horas de viaje.
Lo que se siente es, por ejemplo, estar en un grupo con tus amigos y estar deseando llegar a casa porque sus cosas ya no interesan, te interesa solo la persona que está a kilómetros de ti y punto y final. Aunque sólo sea para contarte que está haciendo la cena o viendo su serie favorita. Llevar en el bolso 20 baterías externas y entrar en pánico si se apaga el móvil. El móvil se vuelve el objeto más preciado de ambos y el Skype pasa a ser tu mejor amigo por excelencia. Porque la comunicación es el pilar de la relación. Pero comunicación de calidad: no escatimar en "te quieros", "te echo de menos" ni "qué guapo estás en esta foto". Ten en cuenta que las palabras no van a sustituir sonrisas, besos, caricias ni demostraciones de amor, así que no valen palabras frías ni carentes de emociones. La única forma que tiene la otra persona de saber que la quieres es a través de una tecnología de la información y tienes que saltar esa barrera. La comunicación te brindará la confianza porque hablar es conocer.
Sin embargo, todo esto acabará pasando, te vas acostumbrando a que pasen horas y días sin verle, tienes el calendario al que ya no le caben más cruces en fosforito y por fin, el día del mes que toca llegar a ese aeropuerto. Te palpita el corazón a mil por hora y te autoconvences a ti mismo de que todo esto sólo va a ser temporal. Porque el núcleo de toda relación a distancia es poner una fecha límite. Necesitas una fecha final de este calvario, de no poder tocarle, ni besarle, ni hacer el amor, ni desayunar juntos, ni cenar, ni cine, ni pasear... Una fecha que suponga ya no tener que despedirte más.
Pero a mí todo el tiempo separados me compensaba cuando le veía, me daba igual salir a cenar que quedarme todo el día en la cama viendo maratones de películas. Me daba igual no elegir ni esas películas ni el restaurante. Eso es lo bueno de las relaciones a distancia: que pasáis juntos 24 horas aprendiendo a convivir y aprendiendo a valorar el tiempo y cada momento. Da igual el plan secundario porque el plan principal es ESTAR JUNTOS. Y ya está.
También he de decir que no todo el mundo es capaz de soportar una relación a distancia. Hay que estar muy enamorado y tener un convencimiento absoluto de que la otra persona merece la pena, ya que este tipo de relaciones necesitan de muchos sacrificios personales. Hay que aprender a tener paciencia y a tener claro que cualquier sentimiento de pena, tristeza, añoranza, o un momento difícil en la vida, no tiene que alejarte del otro, sino hablarlo, apoyarle y comprenderle. Una cosa es la distancia física y otra, la emocional.
¿Sabéis? Cansarse de la distancia y romper con todo lo construido será la opción más sencilla muchas veces. Abandonar siempre es el camino más fácil. Y huir, la salida más sencilla. Pero es que estas relaciones no son sencillas. La mochila de la distancia pesa muchísimo y tiene que llevarse entre dos. De lo contrario, se acabaría rápido. Se trata de saber en qué dirección caminamos y demostrar que, por muchos baches que haya que ralenticen el paso, no hay que renunciar jamás a lo que día a día has conseguido con la otra persona. De hecho, suelen ser relaciones que, si triunfan, son sólidas. Porque las dificultades y los obstáculos os hacen más fuertes.
Por eso sé que merece la pena luchar por esto y por ti. Porque nunca antes había tenido tan claro el querer pasar mi vida al lado de una persona como lo tengo contigo.
Nunca me faltes...
♥